Pensativa, con una carpeta con un plan secreto de salida del euro en la mano; al lado, una taza de café y una botella que parece ser de whisky: así retrata a la canciller alemana Angela Merkel la edición de mañana (sábado) de la revista The Economist, bajo el título Tempted, Angela? (“¿Tentada, Angela?”).
Pese a que se trata de un montaje fotográfico, la publicación de ideología liberal y una de las revistas más influyentes de Europa, con sede en Londres, acierta en interpretar el clima que reina en este verano europeo. Más allá de que la canciller prefiera el vino tinto al whisky.
El receso estival de tres semanas termina el lunes para Merkel. La mandataria practicó senderismo en el Tirol italiano, visitó los festivales de Bayreuth y Salzburgo y descansó un par de días en su casita en la campiña al noreste de Berlín.
Mucho indica que le esperan los meses más decisivos de su gestión. Falta más de un año para las elecciones generales de septiembre de 2013, pero la crisis de la deuda y sus implicaciones más allá de las fronteras europeas le exigirán todo el empeño.
Una fecha clave es la del 12 de septiembre. Ese día, el Tribunal Constitucional alemán dará a conocer su fallo sobre la legitimidad del pacto fiscal y del fondo permanente de rescate, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Pero aún cuando la sentencia sea positiva, el euro seguirá peligrando.
La situación de Grecia y la posibilidad de que salga del espacio monetario podrían desatar una reacción en cadena y el fin de la eurozona.
The Economist llega, en su artículo de cinco hojas, a una conclusión sobre la posible estrategia de salida del euro de la canciller: “De momento, la desintegración del euro sería más arriesgada que su rescate. Pero si la señora Merkel no tira hacia adelante, la opción será entre un pronto desmembramiento, que será caro, y otro que llegará más tarde y será verdaderamente ruinoso”.
Los meses que vendrán serán de por sí duros para Merkel, también a nivel interno. Su proyecto de abandono de la energía nuclear y la apuesta por más fuentes renovables avanza a paso lento. Los miembros de la coalición se pelean por un subsidio familiar, rebajas de impuestos o la equiparación impositiva de las uniones de homosexuales.
Dentro de su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), nadie osa criticarla por sus altos niveles de popularidad -muy por encima de los de su propia agrupación-. Sin embargo, en las bases se está gestando un debate sobre los diversos virajes de posición y la gran pregunta de cuán conservadora sigue siendo la CDU.
Poco le pueden importar estas discusiones al resto de Europa. Lo único que quieren saber los europeos es la postura que adoptará Alemania en la escalada de la crisis de la deuda.
Por ello, la revista británica le puso a la canciller un sobre en el escritorio con pasajes de avión a Atenas, Madrid, Lisboa, Nicosia y Dublín, las capitales de los países atenazados por la crisis y posibles destinos de viajes en los próximos tiempos.
Por lo pronto, el primer vuelo la llevará esta semana de visita dos días a Canadá: en estos tiempos de crisis, casi un descanso.

