La solicitud del rescate a la banca española este lunes y la cumbre del jueves y el viernes marcarán el principio y el final de un momento que puede modificar el paisaje de la crisis.
Madrid, Berlín y Bruselas concretarán en estos cinco días procesos que llevan meses gestándose, desde el esperado final del thriller en torno a las ayudas a España hasta la incorporación de la palabra “crecimiento” al discurso anticrisis alemán y europeo.
“Una mera formalidad”, definió el ministro de Economía Luis De Guindos la solicitud del rescate a la banca española. El pedido consiste en “una carta de dos párrafos en la que no aparece ningún tipo de cantidad”. Pero no piensa lo mismo el resto de Europa.
Desde la canciller alemana, Angela Merkel, hasta el jefe del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, venían pidiendo abiertamente a Madrid que solicitara “cuanto antes” las ayudas para serenar por fin a los mercados, sedientos de claridad y detalles.
El gobierno de Mariano Rajoy -que sigue evitando la palabra “rescate”- calla el monto que pedirá de los hasta 100.000 millones de euros que tiene a su disposición. Los informes de las auditoras encargados por Madrid estiman que la banca española necesita un máximo de 62.000 millones de euros.
La sola mención de un número concreto bastó para bajar el viernes la prima de riesgo española (480 puntos) y hacer subir la Bolsa (+1,5%). La cifra definitiva del rescate, sin embargo, podría conocerse sólo en el próximo Eurogrupo, el 9 de julio.
Pero la cita crucial para la arquitectura europea se producirá el jueves y el viernes con la cumbre de líderes de la UE en Bruselas, donde el bloque complementará su receta de disciplina presupuestaria con nuevas medidas de estímulo al crecimiento.
“Deseamos un paquete de medidas para el crecimiento de una cuantía de 130.000 millones de euros (163.000 millones de dólares)”, explicó el italiano Mario Monti tras una minicumbre en Roma junto con Merkel, Rajoy y el presidente francés, François Hollande.
El encuentro entre los líderes de las cuatro mayores economías del euro refleja nuevos aires en Europa, reposiciona a Rajoy en la escena internacional y marca distancias con los tiempos en que “Merkozy” definían por su cuenta el destino europeo.
Para reforzar la importancia del eje Berlín-París, sin embargo, Merkel y Hollande volverán a reunirse a solas el miércoles, un día antes de la cumbre.
La llegada del socialista al gobierno en París es uno de los factores que explican que Merkel sumara la idea del crecimiento a su discurso y se abriera al giro que se concretará en la cumbre. También pesaron la evidencia de que el ahorro no basta para resolver la crisis y meses de creciente presión internacional sobre la canciller.
Pero Merkel reaccionó también a dos razones internas. En primer lugar, la oposición le exigió el paquete de estímulo a cambio de apoyar el pacto fiscal europeo y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que el Parlamento alemán ratificará el mismo viernes.
“Llegó el fin de la era de la austeridad en Europa“, sentenció el líder parlamentario de los Verdes alemanes, Jürgen Trittin, tras lograr imponer el paquete en la negociación con Merkel.
En segundo lugar, la propia Alemania empieza a sentir los efectos de la crisis. El clima de inversión, la confianza empresarial y la recaudación retroceden, según indicadores conocidos los últimos días.
Un informe del Ministerio de Finanzas cree que el fin del euro provocaría un desastre en la primera economía de Europa, que se contraería hasta un diez por ciento y dejaría más de cinco millones de personas sin empleo.
“Comparado con ese escenario, cualquier rescate parece un mal menor”, afirma un funcionario del ministerio en la nueva edición del semanario Der Spiegel.
Las cesiones de Merkel, sin embargo, avanzan a cuentagotas. Por eso no parece que la cumbre en Bruselas vaya a traer cambios en otro tema crucial para España: la posibilidad de que los fondos de rescate europeos fluyan directamente a los bancos sin pasar por el Estado.
Todo indica que las esperanzas de De Guindos y las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) volverán a chocar contra la negativa de Merkel. “No es que yo no quiera, sino que los tratados son así”, zanjó tras la reunión en Roma.

